Bienvenido a la mejor exposición que nunca antes hice.
Estará abierta 24 horas al día y visible en cualquier parte del planeta.
En los tiempos que vivimos, de la fotografía digital, del selfie, pintar se ha convertido en algo superfluo y extravagante. Algo que se ha quedado sin mercado, porque el mercado del arte es una cosa distinta del arte. En él, cualquier medio de expresión se supedita y explica en un concepto anterior y superior. En realidad, lo que vende es una especie de malabarismo de palabras y argumentos que pretenden describir, contar o explicar cualquier pensamiento, contradicción o casualidad que acontece, que se nos ocurre, o lo que sea, vaya. La obra ha pasado a ser o no importante según los ceros con los que se titula; es únicamente un objeto para la especulación.
Evidentemente, este hecho explica una parte importante del presente, aunque en ese mundo ya se habla de la vigencia de la obra, no solo en lo físico, también en lo psíquico…
Doblemente bienvenido entonces, visitante: nos une un romanticismo pasado de moda, un hecho marginal de esos de los que también está llena la historia del arte (incluso la de los museos, en su día).
Cuando pintar no da para vivir, muchos lo llaman “ser pintor de los domingos”. Me pregunto cómo lo llamarían si supiesen que ni siquiera se pagan los materiales… ¡me imagino algo que venga de la consideración del hecho de estar perdiendo el tiempo!
Por otra parte, esta realidad me da ciertas libertades: la de hacer un poquito lo que me apetece, que es pintar, y dejar de lado lo que cuesta mucho y da poco, por ejemplo, hacer exposiciones.
No dudes en contactarme si hay alguna pregunta que yo pueda contestarte; estoy abierto a propuestas y proyectos, así como a vender algo, si se tercia.