Sus retratos
Los ojos de Alfredo se avivan como si estuviera a punto de contestar a una pregunta impertinente:
– Cómo logras ese efecto tan inquietante que hace que tus retratos estén vivos? interroga la típica pregunta ingenua.
Entonces los ojos del artista se relajan mientras contesta con su humor irónico:
– Yo no hago nada, lo hace mi mano, es como si sus caras emergieran hacia la superficie con sólo frotar sus ceras sobre el papel.
Sin embargo Fernández y González no es un mero pintor de caras. Su arte va más allá, adentrándose en el interior de sus retratados, en la substancia de sus personalidades, ansiedades, conflictos y sufrimientos.
Quizás lo que el espectador percibe como vida en los retratos es la reacción del propio artista, su reconocimiento e identificación con los sentimientos más intensos que el ser humano posee, especialmente con el tormento, tan vibrantemente materializado.
Es por ello que si nunca has visto esa cara, sin embargo es como si la conocieras de siempre;
si el modelo es un amigo, te sobrecoges al ver en él la esencia misma de la persona.
Y si eres el afortunado sujeto del retrato, Alfredo extrae con sus ojos inteligentes y perceptivos tu propio Yo, del cual no tenías conciencia de su existencia; pero ante todo, Alfredo descubre pasiones que hace tiempo habías escondido y olvidado dónde.
FLORA VOITEL











